domingo, 26 de enero de 2014

El Júcar nunca llegará a desembocar en Cullera

Los libros de geografía aseguran que el río Júcar desemboca en Cullera, pero este hecho, discutible ya en la actualidad por los magros caudales del río, podría quedar para la historia si se cumplen las propuestas para el caudal ecológico en el estuario del Júcar que contempla el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para el periodo 2015-2021.
Diversos estudios realizados por instituciones académicas, consultoras de ingeniería y la propia Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), concluyen en que la única manera de evitar la anoxia (falta casi total de oxígeno) y las concentraciones tóxicas de fósforo y amonio que se producen en tramo final del río, entre el azud de la Marquesa y el mar „un tramo de apenas 4.200 metros„, es cortar radicalmente cualquier entrada de agua dulce procedente del Júcar o de los retornos de las acequias de riego que llegan por su margen izquierda.
Caudales limitados
La otra opción capaz de reducir los problemas ambientales detectados en el estuario sería dejar un caudal ecológico mínimo de 50 metros cúbicos por segundo, un volumen de agua que no está disponible en el río Júcar debido a la regulación existente y a los grandes recursos requeridos para el regadío de La Mancha, los regadíos tradicionales la Ribera, el canal Júcar-Turia y el abastecimiento del área metropolitana de Valencia y Albacete.
El nuevo Plan Hidrológico del Júcar, actualmente en exposición pública, contempla como un logro fijar un caudal de 1,5 metros cúbicos por segundo aguas abajo del azud de Cullera, una cantidad mínima, muy lejos de los requerimientos ambientales del río, pero que mejora la inexistente asignación de caudales en el plan de 1998, en vigor.
Según la propuesta de caudal ecológico para el estuario del Júcar recogida en el Esquema de Temas Importantes del segundo ciclo de planificación hidrológica (2015-2021), existe un cuña salina „común a otros ríos con escaso desnivel en su tramo final„ cuya posición está relacionada con el nivel del mar, el caudal del río y la geometría de su cauce.
La particularidad del río valenciano recogida en los estudios a los que ha tenido acceso Levante-EMV, se basa en que las aguas del Júcar que traspasan el azud de la Marquesa están cargadas de fitoplancton (algas y materia orgánica) de agua dulce que se quedan en superficie en dirección a la desembocadura mientras la cuña salina, más densa, circula por el fondo, más lentamente, en dirección al azud.
«A través del roce de ambas capas se produce un fenómeno conocido como entrañamiento que aporta aguas desde la cuña a la capa superficial, dando lugar a un aumento de la salinidad de esta», explican en la confederación.
El aumento de la salinidad en la capa superficial provoca un «shock» salino. Las células fitoplanctónicas afectadas mueren y sedimentan hacia las capas inferiores. Algunas de estas células muertas son transportadas por la cuña hacia la cabecera del estuario, donde se acumulan.
Según el informe, las bacterias y otros organismos que se alimentan de la materia orgánica que llega por el río y la mineralizan consumen el oxígeno hasta eliminarlo casi por completo (anoxia). Además, las bajas concentraciones de oxígeno dan lugar a que el nitrógeno se transforme en amonio y a que aumenten las concentraciones de fósforo.
El resultado de estos procesos es, con frecuencia, la transformación del agua en una sopa verde incapaz de albergar la fauna piscícola„mortandades de peces„, malos olores, etc.
Solo en situaciones de avenidas del río, la cuña se retira hasta el mar, pero en los días siguientes inicia su avance hacia el azud y el proceso de deterioro se reinicia de nuevo.
Una solución radical
«A la vista de los resultados del estudio de evolución de la cuña salina parece claro que con caudales inferiores a 50 metros cúbicos por segundo no se podría dar lugar a su retroceso, con lo que ésta seguiría alcanzando permanentemente el Azud de la Marquesa. Por tanto„concluye la CHJ„ con los caudales ecológicos ?viables? no se podrían solucionar los principales problemas que existen actualmente en el estuario».
Cualquier cantidad por debajo de los 50 hm3 «solo puede conducir al aumento de los problemas actualmente existentes», añade el informe.
La «mejor solución» para disminuir la frecuencia de los procesos de anoxia y acumulación de nutrientes en la cuña salina es, según la CHJ, «reducir al máximo la entrada de nutrientes en la zona del río Júcar comprendida entre el azud de la Marquesa y el mar».
«Esto supone„admiten en el organismo de cuenca„que el caudal de agua dulce, que aporta los nutrientes, sea nulo en esta zona». Es decir, según los informes, el Júcar no debe llegar al mar si se quiere alcanzar «el buen estado ecológico» en su desembocadura.
La otra opción propuesta sería bombear agua del mar hasta el azud para permitir la renovación de la cuña salina, de manera que vuelva artificialmente a las condiciones iniciales de oxígeno y nutrientes que se dan cuando la cuña vuelve a entrar con aguas marinas «limpias» tras una avenida. En cualquier caso, el Júcar no desembocaría nunca en Cullera, salvo en las avenidas.